domingo, 15 de abril de 2018

Mi plátano es más sabroso que el tuyo...

14 de abril


Llega la primavera. Aunque este año le está costando, parece que empieza a asomar. Tras un invierno de nieves como pocos se recuerdan, aparecen los primeros rayos de sol y calores primaverales. Los osos salen de las madrigueras, las plantas comienzan a florecer... y Mirindas por fin abandona la cueva. Noviembre, Diciembre, Enero, Febrero, Marzo... Cinco meses ni más ni menos que lleva desaparecido en combate. Hibernando como las marmotas. Consumiendo la grasa mala que ha acumulado durante el verano anterior. En diciembre hizo un amago de salir de la cueva, pero viendo el frescor que hacía, decidió hacer un Guille, y de vuelta al agujero hasta que la primavera llegara.



Por eso la ruta elegida y de estreno del año para él, tenía que sera algo que le enganchase, y no muy dura, no se nos fuera a asustar y decidiera irse a la cueva también el resto del año. En esta ocasión patearíamos por el entorno de las Machotas y de El Escorial. Unos 15 Km con 600 m de desnivel, para que las piernas vayan cogiendo tono.




Partimos del pueblo de Zarzalejo, a los pies del puerto de la Cruz Verde. La ruta no puede tener mejor inicio, ya que de primeras empezamos a subir en dirección a la Machota Baja. El punto de partida bien nos advierte: calle de la Pendiente. Estamos cansados y apenas llevamos recorridos 100 m 😂. A mi parecer, llegamos un poco pronto a la zona. Los robles todavía se encuentran sin hojas y las jaras sin flor, pero aún así la zona no tiene desperdicio y las vistas, a medida que se asciende, son espectaculares. 












De vez en cuando nos toca trepar por alguna roca, recordando la zona a La Pedriza. La subida a la Machota Baja, la hacemos con calma. Parando de vez en cuando. No hay que desfondarse. Tras un pequeño momento de confusión donde Belice, Mirindas y Berme, se van a hacer su ruta libremente, conseguimos reagruparnos y poner rumbo a la cima. Únicamente Macksa y yo conseguimos tocar el vértice geodésico. El resto del grupo, por no hacer una pequeña trepadilla, prefiere sentarse a comer y disfrutar de las vistas. ¡¡Tragones!! Después de reponer fuerzas, y Mirindas comerse uno de los doscientos bocadillos que lleva, dirigimos nuestros pasos hacia El Escorial.











La bajada de la Machota Baja es disfrutona, entre piedras y alguna que otra estrechez. Poco tiempo tardamos en meternos en el robledal. Macksa se encuentra extasiada. Le faltan las llamaradas alrededor del pecho para que la confundan con Santa Teresa. La verdad es que a pesar de la falta de las hojas de los robles, la zona es increíble. Imágenes salidas del mismísimo Señor de los Anillos.









Alcanzamos la silla de Felipe II, que se encuentra abarrotada por una marabunta de gente. La única que sube a inspeccionar la roca es Macksa. El resto tememos ser engullidos a poco que nos acerquemos. ¿Y por qué se llama silla de Felipe II? ¿De verdad sentaría allí el monarca sus reales posaderas para ver las obras del monasterio de El Escorial? Si aún no estaba jubilado. ¿Qué necesidad tendría de ver obras? Para los que les interese el tema, hace unos años, se descubrió que podría tratarse de un altar celta dedicado al dios Marte. Vamos, que lo que nos han contado siempre es una milonga. 
















Después de la breve parada para que Macksa saciara su curiosidad, decidimos parar a comer, y así de paso darle una alegría a Berme y Mirindas. Todavía os estaréis preguntando el por qué del título de esta ruta. Pues de este momento viene. Un tanto surrealista, la verdad. Tras dar buena cuenta del bocadillo, de buenas a primeras, Mirindas nos dice que su plátano está más rico que los que ha comido anteriormente. Que ha visto la luz (algo así como el éxtasis de Macksa). Se refiere a la fruta, por supuesto. Lo aclaro porque seguro que hay alguna mente sucia, como la de Berme y la mía, que en cuanto lo dijo, nos miramos picuetos. Pero ahí no acaba. Cómo será la cosa que Mirindas, Belice y Macksa, deciden hacer una cata de plátanos, con los ojos cerrados y todo. Lo nunca visto. No sé que le habrán hecho a Mirindas en su cueva pero ha venido transformado. Ni si quiera se ha quejado en toda la ruta... A lo mejor es un replicante del verdadero Mirindas.






Tras los juegos plataniles, decidimos ponernos en marcha. A llanear toca, para alegría de algunos. Parecía que habíamos estado bajando de la Machota Baja toda la vida. El camino de vuelta se hace ameno, salvo por un pequeño obstáculo que tenemos que sortear. Como apenas ha llovido estos días de atrás, se ha formado un charco que bastaría para regar media Murcia. Intentamos salvarlo como podemos. Mirindas remangándose los pantalones y luciendo pateja, Macksa agarrada a las zarzas que parecía que le iba la vida en ello, el resto ayudados por los bastones temiendo acabar tirándonos en plancha en el agua... No sin sufrimiento, acabamos pasando, poniendo a prueba la impermeabilidad de las botas.







Alcanzamos la calzada romana de Zarzalejo. De repente, oigo un grito. Parece que a alguno del grupo le ha pasado algo. Me doy la vuelta... y es un pobre burro rebuznando. Deben de verse reflejados en nosotros, porque no tardan ni dos segundos en venir y arrimarse a charlar con nosotros.






Ya casi entrando en el pueblo, nos asalta una horda cristiana de mozuelos y mozuelas con la cruz en ristre, alargando los pasos de semana santa.  A lo mejor no se han enterado de que la semana santa este año fue en marzo. Bueno, tiene que haber gente para todo. Eso sí, no se podían contar. Belice decía que por lo menos 500 chavales. Yo creo que alguno menos, pero tenían más hambre que Berme y Mirindas juntos. Cada fila que pasaba no dejaba de repetir, ¿cuanto falta?¿cuándo comemos? Se ve que las hostias no llenan mucho la barriga. Otra clase de hostias sí se darían si nos hubieran visto en ese momento a Berme y a mí meternos un buen trozo de bizcocho entre pecho y espalda en el avituallamiento final. Nos vemos!!



MAVERICK